8-11-2019
Un viernes más, desafiando a una climatología impenitente, «Los Biziondos», 27 MUJERES y 29 HOMBRES, salimos a la calle . Esta vez nos asomamos al valle de Carranza con el objetivo de conocer la cueva de POZALAGUA.
El autobús nos deja en el barrio de Ambasaguas (una de las 49 aldeas que conforman el valle)
Con parsimonia, tal vez ocultando la pereza ante la incertidumbre de lo que nos fuera a deparar el camino, ponemos el piloto automático y comenzamos a caminar por la carretera que nos lleva hasta Pozalagua.
El recorrido es corto pero intenso; tormentas, chaparrones, viento frio… Entre la neblina, mientras vislumbramos los caseríos dispersos del valle, llegamos al barrio de Ranero( un compañero nos comenta que la popular receta » Bacalao Club Ranero» fue creada por una » etxekoandre» de esta pequeña población)
Cerca de nuestro destino, empujados por el viento, «aterrizamos» en la entrada de la cueva. Mientras aguardamos nuestro turno, improvisamos el almuerzo.
Los que se acercan al mirador para contemplar la belleza del Valle, difícilmente pueden intuir que el auténtico tesoro se esconde en el interior de la tierra, en sus entrañas.
Estamos en El Parque Natural de Armañón (en la parte occidental del Valle de Carranza). Una guía entusiasta nos acompaña para ilustrarnos:
Las Cuevas se descubrieron en 1.957, casualmente, debido a la explosión de un barreno de la cantera, actualmente transformada en un curioso anfiteatro. Al parecer, durante casi 20 años siguieron conviviendo la Cueva y la Cantera, hasta que el Ayuntamiento decidió cerrarla definitivamente. Fue en 1991 cuando se abrieron sus puertas para el público.
Dentro descubrimos una gran sala; sólo se percibe en ella el sonido de la gota de agua al caer (auténtica protagonista de este increíble espectáculo) y la visión de multitud de estalagmitas y estalactitas excéntricas. La Sala Versalles es la que contiene una mayor concentración de estas «obras de arte», aparentemente anárquicas , formadas por la naturaleza , con sus ramificaciones entrelazadas en todas las direcciones, pero !ojo!, no chocan entre sí. La imaginación se desata configurando multitud de formas y colores: lámparas, corales, raíces de tubérculos, órganos…Y hasta la brujita de Koldo agazapada en una especie de columna. (¿Avergonzada , tal vez ? …)
La bofetada de realismo la sentimos al percibir algunos aparatos, estratégicamente colocados, que miden la temperatura y la humedad en el interior de la Cueva. Sirven a los geólogos para comprobar si en algún momento convendría reducir el número de visitantes a la misma.
La guía nos cuenta también que Pozalagua pertenece a un conjunto de otras grutas; entre ellas la Torca del Carlista, de grandes dimensiones y a la que sólo han podido acceder los expertos.
Tras la visita a la Cueva, nos acercamos al Centro de Interpretación. Habilitado en la antigua fábrica, a la que se trasladaba el material extraído de la cantera: la dolomía , utilizada para fabricar ladrillos refractarios; pieza fundamental para el revestimiento de los Altos Hornos.
Mediante los paneles informativos del interior descubrimos la flora y fauna del Parque Natural de Armañón, incluso hemos volado, virtualmente, por Carranza.
Este centro de interpretación está catalogado como patrimonio industrial.
Hubiera sido imperdonable no conocer este lugar tan singular. Ya lo dice el refranero, creo que gallego: » Se pasa el día y se pasó la romería »
En el aparcamiento nos espera el autobús. Aunque tarde, regresamos satisfechos, disfrutando de la naturaleza y aprendiendo, con nuestros compañeros de Biziondo.