9-06-2023
Quienes se han confiado al sueño no fantasearán un camino tan inspirador, como el experimentado por nuestro grupo la jornada de hoy. A las 6:30 de la mañana, el autobús de Bizidun sale de Durangaldea con 48 senderistas, en un largo viaje (con repostaje en Logroño) que nos “transporta” a Nafarroa, al paisaje semidesértico de las Bárdenas Reales. Por la NA-8712, poco antes de llegar a Arguedas, percibimos, los campos de arrozales, por el mismo trayecto que nos lleva, precisamente, a tierra arrasada. Desde aquí, nuestro flamante conductor, se adentra en el camino que conduce al Parque Natural de Bárdenas Reales, terreno de interés comunitario y Reserva de la Biosfera, históricamente, propiedad de la monarquía Navarra.

En la actualidad las Bárdenas han perdido ese carácter real y son propiedad de la llamada Comunidad de Congozantes, formada por veintidós pueblos de la Ribera, los valles de Roncal y Monasterio de Oliva. En el Centro de Interpretación, a la entrada del Parque, recogemos el plano de la tournée que nos ocupará buena parte de la mañana. (Su extensión, 42.500 hectáreas, está dividida en tres zonas: El Paso -al norte y por donde entra el ganado en la trashumancia-, la Bárdena Negra -una zona en la que predomina el bosque mediterráneo-, y la Bárdena Blanca -la estepa central. INFO: turismo.navarra.com ).
En el interior del Parque, de las tres demarcaciones que conforman este vasto territorio, turisteamos la zona más erosionada: La Bárdena Blanca baja, Entre “el sube y baja” del autobús, con algunos tramos a pie, recorremos el itinerario perimetral de 34 kilómetros. Entre tanto, Mikel, nuestro guía, describe los puntos de interés de las sugerentes creaciones modeladas por la Naturaleza, al andar del tiempo. (Reza el dicho: gota a gota el suero seagota). A la entrada, encontramos el Cuartel Militar, encaramado en una elevación. (uno de los “tres hermanos” quedó cautivo en La Base). En el mismo entorno, a medida que avanzamos, hacia el inicio del trayecto, observamos, en la distancia, tres cabezos, Los Tres Hermanos, separados entre sí, de lo que fue una única montaña; el de la izquierda con una borda en su base, el del medio el más vistoso y, el de la derecha, el cabezo sobre el que se encarama el cuartel. (Trino y Uno, la Santísima Trinidad del credo católico). Hacemos unas cuantas paradas para observar, sobre el terreno, algunas curiosas formaciones, a modo de estrías blancas, rosas y rojizas, motivadas por la luz solar. En el lugar, alguna que otra planta de tomillo y manzanilla, de intenso aroma y fuertes raíces. En otra parada, pasamos por las laberínticas formaciones de barrancas, fosos y socavones, como divertimento de parque de atracciones. Desde aquí, subimos a unaespecie mirador, único deloscabezos que se puede subir, observando la magnitud del lugar: En el paisaje de altura, entre la neblina, montaña y cielo se confunden en un trampantojo marítimo; y un poco más abajo, intuimos el bosque verdinegro. Más cerca del mirador, las acrobacias aéreas irrumpen el espacio con su sonido atronador. Seguimos por el camino, hasta localizar la creación más distintiva: el Castil de Tierra o La Chimenea de las Hadas que destaca por su variedad de formas y colores y por el vallado que lo protege. (y por el reclamo publicitario que maneja nuestra “vida ociosa”).En las inmediaciones del Castil, contemplamos el Barranco de las Cortinas que, al parecer, contiene bellas formaciones en su interior. Desde el autobús, también percibimos algún remanso de agua en medio de la zona árida y pequeñas colinas rematadas por una especie de puntas o copetes blanquecinos. Ya de regreso, observamos, en la distancia, el Monumento al Pastor, un homenaje a la trashumancia. Terminamos nuestra ruta circular en el Mirador de La Blanca, cerca del Centro de Información con varios paneles que describen la flora y fauna, la zonificación y el proceso de formación del paisaje. Desde el Mirador, también llamado de Aguilera, apreciamos la dimensión del plano general del paisaje en su grandiosa diversidad.
Salimos del Parque para dirigirnos a la Villa de Arguedas a conocer sus famosas cuevas. En el centro de la localidad, localizamos las escaleras que nos llevan a ellas. En el lugar, visitamos las cuevas, incrustadas en la roca, en hilera, para aprovechar la luz. Hasta los años 60 del S. XX constituyeron el hogar de algunas familias de Arguedas. Después de un corto paseo por el lugar, nos dirigimos al autobús que nos lleva al Albergue del Santuario de la Virgen del Yugo: una hermosa campa bien equipada para disfrutar una comida campestre. En el sitio, una Ermita y un Albergue (o eso creemos, pues no llegamos a conocer). Después de una jornada de sequía y sol, agradecemos este paraje de buena sombra, con mesas bajo el arbolado, compartiendo comida y cháchara. ¡Lastima! Salimos escopeteados del lugar empujados por la inminente tormenta que nos acecha. Nuestro conductor, ¡Ahora sí! más diligente y, directo, en el viaje de vuelta, nos devuelve a la rutina, con la satisfacción de haber realizado un paseo original y disfrutón.
La próxima semana la Ciudad Armera. Ondo izan!