6-10-2023
Para afrontar la semana con optimismo qué mejor incentivo que salir a caminar, en compañía de Biziondo. La jornada de este viernes 6/10/2.023 nos lleva a Laguardia, Capital de la Rioja Alavesa. En el municipio de Elorrio se pone en marcha el autobús que tras una larga y sofocante tournée, pasando por el condado de Treviño, (y codiciando, desde el interior, la suave brisa de hayas, robles y coníferas del entorno) “aparca”, ¡Por fin! a los 60 Biziondotarrak, en el punto de inicio de la ruta: Laguardia Extramuros.

Junto al ascensor que conduce al “Casco Amurallado”, cruzamos la carretera por la que descendemos al entorno rural. No sin dificultad, conseguimos agruparnos para “formalizar” la foto del grupo, con la Sierra de Toloño, de fondo, que se erige sobre la planicie riojana. Una vez abajo, enlazamos con el sendero de tierra y piedra que se introduce en los campos de viñedos, en dirección al embalse “el Prao de la Pau”. A escasos metros de recorrido percibimos por el lado izquierdo, el primer humedal, de otros tres que conforman el denominado “complejo lagunar” “solapado” por los juncos y la pequeña hilera de álamos al borde del camino. Poco más allá del sendero, llegamos a un cruce, fijando nuestra atención, por la derecha, en los viñedos que en su “calendario natural,” comunican un otoño ya avanzado: las uvas vendimiadas, en el lagar, con las hojas, en la madurez del ciclo vital, luciendo su más bello porte, en una degradación de tonalidades: verde, amarillo, dorado, ámbar, rojo, ocre, hasta alcanzar un marrón, casi tierra, fundiéndose con ella, para iniciar un nuevo ciclo, allá por la primavera.
Seguimos esta ruta hasta llegar a un Mirador, con una bella postal de la plenitud del Valle: la laguna, los viñedos, alguna bodega, la colina del casco histórico de Laguardia, y al fondo, la persistente presencia del Toloño, “abrigando” los cultivos. Desde el lugar, bajamos las escaleras de la Atalaya y avanzamos por el sendero, pasando por un cuidado entorno, con bancos en medio de una campa, y más adelante, una chabola, observatorio de la flora y fauna de los humedales, para avistar, con discreción, a sabiendas que nos repelen, la variedad de aves que pueblan la zona. En el trazado, “curioseamos” un par de dólmenes, fijando el retrovisor de la memoria, en la Prehistoria (las cosas perduran más que las personas). Esta sencilla ruta de 10 kms., que bien podría denominarse “parque temático, contiene todo un sumario del saber, (geología, arqueología, biología, botánica, clima, geografía, etnología, historia….) para desazón, ¡¡¡¡Bufff!!!, de los escolares que, a cada paso, siguen las explicaciones de sus monitores, tomando apuntes. Salimos del hábitat protegido, para entrar en otro, menos relajante, el del asfalto, la carretera A-124, que conduce al Casco Histórico de La Guardia. Bien por el ascensor o por la rampa, atravesamos la “Fortaleza Amurallada” cruzando la Puerta de San Juan. Bordeamos la Iglesia, de hechura fortificada, y en el lateral de otro de los arcos de entrada, de la 5 que contiene, leemos una inscripción: “Paz a los que llegan. Salud a los que habitan. Felicidad a los que marchan”. (algún que otro lugareño, harto de tanto “corastero”, añadiría, de buena gana, el dicho: “Tanta paz tengas como la que dejas”). Por la Calle Mayor, llegamos a la Plaza que cuenta con dos portentosos Ayuntamientos: el Nuevo y el Viejo. En la fachada del Viejo el objeto más observado de la Villa: un reloj carrillón con autómatas. Más adelante, pasamos por una cuidada plazoleta, con dos espléndidas edificaciones: La Torre Abacial, la Iglesia de Santa María de los Reyes, preciada por su pórtico policromado, que ya nos adelantó nuestro compañero Víctor en el viaje, y un original conjunto escultórico “Viajeros “. Después de este paseo errático, por calles empedradas, con palacios, casas blasonadas, iglesias, fortalezas, bodegas en el subterráneo… y un par de rondas de txiquiteo riojano, (Larregi! Habrá que volver para hacer un repaso) rematamos la jornada dirigiéndonos a la localidad vecina, La Bastida. En un concurrido restaurante del lugar, damos buena cuenta de la comida, disfrutando de una sobremesa alegre y relajada. Salimos del lugar con la complacencia de haber experimentado “el aquí y el ahora” de una provechosa jornada, que mira más allá de nuestras propias preocupaciones (estate a lo que estás, hubieran dicho nuestros mayores).
Eskerrik asko! al equipo responsable de Biziondo por su tiempo.
¡Hasta la próxima!