RUTA DEL AGUA-URAREN BIDEA

12-04-2024

Con la sana intención devivificar el ánimo, acudimos a la cita semanal de compromiso activo con el medio ambiente. El Grupo Mendizale de Biziondo, 56 la jornada de hoy, nos dirigimos a la localidad alavesa de Berganzo “insertada” en el Valle del Río Inglares, entre las sierras de Portilla, al N. y de Toloño o Cantabria al S. (…El río Inglares nace en la Sierra de Cantabria, cerca del imponente monte San León, y fluye a través de la provincia de Álava. En su recorrido, atraviesa diversas localidades como Peñacerrada, Payueta, Berganzo, Ocio, Santa Cruz del Fierro y Zambrana, antes de unirse al cauce del río Ebro en las cercanías de Miranda de Ebro. (REF Gasteizberri.com). 

Indiferentes a cualquier eventualidad, “dejándonos llevar” por nuestro flamante conductor, y al compás de la banda sonora de nuestras entusiastas voces, interrumpidas, a ratos, por los sabios consejos de nuestro experto trotacaminos, percibimos desde la ventanilla del autobús, el engranaje de la red de carreteras nacionales, que encauzan nuestro rumbo al Concejo de Berganzo. (Desde Vitoria la N-1 Dirección Burgos, salida 325, dirección la Guardia, ya en la carretera N-124, nueva salida a Zambrana, y por la misma carretera a Berganzo). 

Por la carretera local, advertimos los extensos campos de Araba, en una gradación de tonalidades, desde el verde intenso de la vitalidad de la primavera, hasta el amarillo de los cultivos de colza, vigorizados por un sol resplandeciente. (in-memorian, las miles de personas envenenadas por el líquido tóxico, 40 años hace). Atravesado el Centro de Berganzo, tras recorrer un corto tramo de carretera, damos con el primer indicador de la ruta, seguido de un puente, que, con solo cruzarlo, nos deriva, por la izquierda, al frondoso Cauce del Inglares. Nuestros primeros pasos, alejándonos del asfalto, discurren por un sendero de pequeños huertos, enmarcados en una bella postal de árboles, preñados de múltiples tonalidades, en la plenitud de su floración. A contracorriente, aguas arriba, seguimos las marcas blanquiazules que indican el transcurrir del Río, sin avistarlo, aunque intuído, ante el constante susurro que nos acompaña, por el lado izquierdo del cauce. A la sombra de los hayedos, en pausado ascenso, caminamos bordeando la ladera derecha del bosque que casi impide ver el cielo, hasta apreciar, paso a paso, la cercanía del agua a nuestro lado. En la orilla misma, contemplamos, con precaución, los pequeños cursos fluviales que van saltando de piedra en piedra, recodos, pozas, un deteriorado puente de madera y el trasfondo del agua, mostrando que los ríos son algo más que “una corriente continua de agua, que desemboca en otro río o en el mar” (literal en la “Enciclopedia de Alvarez”, aplicada en la memorística Escuela Nacional).  Seguimos avanzando y, a escasos metros, encontramos el tramo más espectacular del recorrido: La Cascada de la Herrería, que, en forma de melena, salta de su cauce, solapada entre roca y boscaje, persiguiendo la Corriente del Inglares. En este singular entorno, nuestro avezado reportero se afana en “enmarcar” la Foto del Grupo que testifica nuestra presencia en el lugar. Desde aquí, remontamos un fatigoso repecho, afrontando, por la izquierda, el Antiguo Canal de Agua, (construído para abastecer la Central Hidroeléctrica de Berganzo, a finales del XIX), adherido al camino de vuelta a Berganzo. No sin dificultad, seguimos el sendero junto al canal, ¡Tentuz! y atinando el escurridizo paso, de este sombrío cauce que marca su fin, con una “llave”, y con ella, el descenso al claro del camino, de vuelta a Berganzo. En la amplia panorámica del Valle reconocemos, por la izquierda, el Toloño, pleno de vegetación; al fondo el Castillo alzado en la roca y los robledos y encinares en la cercanía. Por las últimas casas del Pueblo, seguimos el camino de la izquierda, hasta llegar al punto de partida. Esta exuberante andadura, si no de descubrimiento, sí de aprendizaje, nos muestra que nuestra mirada sobre los ríos, además de abastecedores de agua, conforman un hábitat, pleno de vida, y que da vida. Desde aquí, sólo nos resta, en esta jornada de día completo, colocarle la guinda al pastel en La Bastida. En un conocido restaurante, compartimos mesa, mantel, menú, si acaso un buen rato de entretenida charla y canciones de romería, sin registro de autoría. Salimos del lugar, una semana más, alimentado nuestra pública vocación de acuerdo, compañía y agrado. 

¡Hasta la próxima! Ondo Izan! 

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