CAMPAS DE URBIA

9-05-2025

La ruta planificada para este viernes, Arantzazu-Urbia, contiene un carácter casi reverencial, reflejado en el paisaje, y en la manera de entender una forma de vida, respetuosa con la naturaleza. Desde la explanada del Aparcamiento de Arantzazu, una vez hecha la Foto del Grupo Biziondo, 50 en la mañana fresquita de mayo,nos ponemos en marcha por el camino que deja atrás el Santuario y la zona de restaurantes, siguiendo las indicaciones a Urbía.

De frente, una puerta metálica abre el paso “URBIA-AIZKORRI”, que nos adentra en el hábitat sigiloso del bosque. Pronto, llegamos al   cruce de tres caminos, que determina nuestro objetivo, por el sendero del centro. Cerca del lugar, en el tramo de amplia pista, percibimos a nuestra izquierda, la única fuente en la ruta, que lleva incluida una leyenda: la aparición, de Arantzazuko Ama, al pastor Rodrigo de Baltzategi, (¡así! con nombre y apellido, aportando mayor verosimilitud al relato). A pleno pulmón, atravesamos en constante ascenso, el sendero del hayedo, entre roca y piedra, que según avanzamos se estrecha, forzándonos a subir el último tramo del boscaje, en intrincado zigzag. Salimos, pues, del paraje sombrío, con la vista puesta en los extensos pastos: estamos en las Campas de Urbía, al pie del Aitzkorri.

En el lugar, recorremos un bonito camino, bordeado de fresnos, acercándonos a la Ermita Andra Mari de Urbia. (REF. Gipuzkoakultura.net: (…) Ante las dificultades que los pastores de las majadas de Urbia debían vencer para cumplir con el precepto dominical, ya que para ellos el templo más próximo era el Santuario de Aránzazu, los Padres Franciscanos iniciaron por el año 1924, una serie de gestiones encaminadas a posibilitar la erección de una ermita en la campa de Urbia). 

Desde cualquier ángulo, nuestra mirada se “magnetiza” ante la grandeza de las praderas “esculpidas”, por la actividad pecuaria de los pastores, desde la Prehistoria. (acreditado en los vestigios arqueológicos, hallados, en la zona. Aranzadi, Aita Barandiaran y otrosarqueólogos).  A nuestra izquierda, dejamos atrás la Ermita, dirigiéndonos, no muy lejos del lugar, a la muy oportuna fonda, para cobijarnos del frío, y cumplir el hamaiketako. Después de este reconfortante momento, llega la hora del regreso. Por el mismo sendero, flanqueado de fresnos, con la última mirada a las rocas calcáreas bajo las cumbres del Aitxuri y Aitzkorri, caballos y ovejas en las anchurosas campas…, nos despedimos del portentoso lugar, dando por finalizado el prolongado descenso a Arantzazu por este caminode conexión,(que hoy pateamos),trasegado por religiosos, peregrinos, trashumantes, reyes, bandoleros…, desde la Prehistoria hasta la cultura contemporánea del S. XXI.

 ¡Hasta la próxima!  Ondo izan!

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